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29/09/2020
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¿Los ingleses invaden de nuevo La Habana?

La Toma de La Habana por los ingleses tuvo lugar durante la Guerra de los Siete Años, que implicó a la gran mayoría de las grandes potencias de la época, afectando a Europa, Norteamérica, América central, la costa occidental de África, India y Filipinas. De hecho, es considerada la primera guerra mundial, desarrollada en varios continentes. Y Cuba formando parte de dicho escenario.

Pues bien, el 14 de agosto de 1762 los ingleses entraron en La Habana y se adueñaban del puerto más importante de las Indias occidentales y su poderoso arsenal militar. Este acontecimiento, dejó al descubierto las debilidades de las defensas españolas en el Caribe, y tuvo lugar como consecuencia del conflicto de los ingleses con la corona española, tras haberse aliado esta última con Francia, enemigo de Inglaterra en la guerra.

En un principio, los ingleses intentaron establecer una especie de colonia llamada «Cumberland» que sirviera de punto de apoyo a una invasión de la isla por el Sur, en lo que actualmente es la provincia de Guantánamo, pero las condiciones fueron muy hostiles tanto por el terreno, como el constante hostigamiento de la población, lo que les llevó a desistir de sus planes.

Tras once meses de ocupación de la ciudad, en julio de 1763, Inglaterra y España acordaron un intercambio de posesiones según el cual, parte de lo que es actualmente Florida pasaba a manos de los ingleses, a cambio de la devolución de La Habana a España. Sin embargo, aquellos once meses fueron más que una ocupación militar y dejaron una impronta que se mantuvo con posterioridad.

Conforme los ingleses fueron implantando sus normas y leyes liberalizadoras del comercio y de la actividad económica, que chocaban completamente con los estancos medievales y restricciones de la metrópoli española, los criollos cubanos, representantes de la clase dirigente, que mantenían fuertes vínculos peninsulares, descubrieron que aquellas normas británicas eran mucho más favorables que las españolas para el futuro económico de Cuba, que ya se vislumbraba en el azúcar y su exportación.

Las ideas liberalizadoras consolidaron su presencia en la clase dirigente de la isla. Nunca volvió a ser como antes. Tras aquella ocupación, corta pero influyente, la colonia empezó a contemplar la existencia de un universo alternativo al impuesto por la metrópoli. Las reclamaciones no hicieron más que ir en aumento. La historia desde entonces, es bien conocida.

Este discurso viene a cuento a propósito de unas declaraciones del actual embajador de Reino Unido en Cuba, Antony Stokes, quien en su perfil de Tweeter explicó las ventajas que tendría para Cuba y sus socios comerciales la anunciada unificación monetaria que en principio debe realizarse en algún momento en la Isla.

Ignoro si el mensaje del embajador británico ha pasado desapercibido para las autoridades comunistas, pero no ha caído en saco roto, a tenor de las réplicas de algunos emprendedores privados cubanos. De pronto es como si la historia se volviera a repetir. El tipo de reacción era previsible. Para España, la toma de La Habana determinó la construcción del Morro, para las clases dominantes, la defensa de la libertad de comercio.

Hoy, más de 250 años después, la historia parece repetirse. Los actores parecen los mismos. El inglés que defiende la unificación monetaria en Cuba como un medio para disminuir los obstáculos que bloquean las inversiones en la isla, sobre todo de Reino Unido; el régimen comunista (el equivalente a la poderosa metrópoli) que calla y permanece atento a los acontecimiento; y los emprendedores cubanos que salen a la palestra, expresión de los sectores más innovadores y productivos de la economía. Uno de ellos, en Twitter, un productor agrícola de Artemisa, preguntó directamente al embajador británico si había alguna posibilidad actual de comerciar con ellos y exportar a Reino Unido.

Me imagino a los sacarócratas de 1762 formulando en las recepciones oficiales a las autoridades de ocupación británicas las mismas preguntas, y no dejo de pensar qne la historia se empeña en dibujar los mismos hechos una y otra vez. De hecho, el diplomático inglés contestó al emprendedor cubano en la red social que el Reino Unido tenía intención de apoyar al Centro de Estudios de la Economía Cubana para realizar un análisis de la producción de alimentos en Cuba, al tiempo que insistía con un nuevo mensaje de tweeter, en la necesidad de poner en marcha las MIPYMES “si se quiere tener en Cuba una transición que beneficie al país y a sus socios comerciales”.


Con ello, el diplomático inglés expresaba uno de los objetivos de los países europeos que tratan de comercializar directamente con los pequeños y medianos productores cubanos, al margen de la presencia del estado comunista, situación que se podría ver beneficiada con la unificación monetaria.

En 1762 los invasores británicos convencieron con sus argumentos a los criollos cubanos. Su negocio en la isla era escaso, prácticamente nulo y apenas tuvieron tiempo para consolidar. Hoy en 2020, no han cambiado mucho las cosas. Los turistas británicos apenas representan el 2,8% del total de viajeros, y las importaciones de bienes procedentes de este país apenas alcanzan el 0,3% del total del comercio cubano. Sin enbargo, parece que quieren cambiar ese estado de las cosas. Y por medio de tweeter continúan los mensajes, y declaran a sus interlocutores de la red social Gracias por sus preguntas. Les pondremos en contacto con nuestro Departamento de Comercio. Queremos ver más comercio en el sector de la agricultura entre Cuba y Reino Unido”.

Al parecer, desde finales de 2019, empresarios independientes de Reino Unido han intentado definir negocios privados con Cuba, en el sector tabacalero y proyectos para la generación de electricidad a partir de la energía solar y la biomasa. En especial un parque solar enclavado en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel. Incluso, se abordó la posibilidad de vuelos directos entre Londres y La Habana por parte de la aerolínea Virgin Atlantic. Recientemente, la farmacéutica BioFarma ha abordado una joint venture para la venta de medicinas en Reino Unido.

No cabe la menor duda que los ingleses conceden una importancia principal a sus inversiones en Cuba, y así se lo han explicado en varias ocasiones a la viceministra primera de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera en Cuba, cuando le refieren los riesgos y obstáculos de los inversores extranjeros en Cuba. Hoy, igual que en 1762, tienen delante un interlocutor que desconfía de las fuerzas de la libertad económica, del comercio y los derechos de propiedad. Ojala ejerzan alguna influencia, pero lo dudo. Los comunistas cubanos no quieren perder el control de la economía, porque ese es el control del poder. El imperio español hizo otro tanto a finales del siglo XVIII y en menos de un siglo se encontró con la independencia de las antiguas colonias. Ojalá que no haya que esperar tanto. 

 

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Los excesos de la planificación central en la economía cubana

Lo último que se podía escuchar de Díaz-Canel llegó el pasado lunes 24 de febrero, durante la reunión de balance del ministerio de economía y planificación. Allí, en presencia del ministro y ante un surtido elenco de autoridades que le sigue en toda esta actividad febril de las primeras semanas del año, declaró que el ministerio de economía “debe ser un ministerio de pensamiento, encargado de liderar, por su actividad rectora el pensamiento económico del país, en estrecho vínculo con las universidades”.

La frase, de marcado cariz totalitario, no tiene desperdicio, y encierra buena parte de las vicisitudes que atraviesa la economía cubana en este momento como consecuencia de la gestión de Díaz-Canel.

Que un ministerio se ponga a liderar el pensamiento económico es un absurdo. Los ministerios son órganos administrativos dependientes del poder ejecutivo, que se encargan de ejecutar la política de gobierno. Pedir peras al olmo tiene poco sentido. Pretender que un ministerio formado por burócratas, que en el caso cubano son de partido, de partido único, comunista, lidere el pensamiento económico, desvirtúa la realidad y aleja la solución del problema, o viceversa. Entiendo que este mensaje se debe entender en el terreno de la cordialidad campechana entre “colegas” del gobierno, pero si realmente fuera cierto, y Díaz-Canel está convencido de esto que dice, mal muy mal le puede ir a los cubanos.

¿En qué me baso para sostener este argumento? Pues en algo tan sencillo como contradecir a Díaz-Canel cuando afirma que el ministerio, como órgano de pensamiento, puede propiciar una “conducción de la economía totalmente innovadora”. Y que esa innovación se base, por ejemplo, en la sustitución de mecanismos administrativos por otros económico- financieros, además de una relación más coherente e integral entre todos los actores de la economía. Si con este tipo de prácticas cree Díaz-Canel que el pensamiento del ministerio de economía puede ayudar a los cubanos a comer todos los días con seguridad, a cobrar mejores sueldos por sus trabajos o a disponer de servicios de calidad en infraestructuras básicas del país, está muy equivocado.

Además, Díaz-Canel quiere que el pensamiento económico del ministerio se convierta en “líder del pensamiento económico único del país”. La vena totalitaria comunista a punto de reventar. El mensaje es claro: en Cuba no es posible pensar de forma diferente, en materia de asuntos económicos. El orden neo liberal es una frontera que jamás se debe cruzar. Díaz-Canel considera a los liberales como diablos escondidos, planeando continuas conspiraciones para cambiar el curso de la historia de la economía cubana. Y por eso el perverso y repugnante liderazgo único en el pensamiento económico, para que nadie se mueva, para que nadie se equivoque, para suprimir la libertad.

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Cuba y la mejora de la economía de América Latina y Caribe

Cuando hace unas semanas, la CEPAL publicó su informe “Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe 2019” arrojó un cubo de agua fría sobre las autoridades comunistas de La Habana. Las previsiones de crecimiento del PIB para la economía cubana en el año 2019, un 0,5%, no eran sustancialmente distintas de las elaboradas para 2020, otro 0,5%. Mientras que América Latina y Caribe remontaban sus cifras hasta un 1,3% previsto por CEPAL para 2020, la economía cubana se volvía a encontrar ante un ejercicio complicado, en el que iba a ser muy difícil cuadrar las cuentas y mejorar el clima económico interno. Por su parte, días más tarde, el Fondo Monetario Internacional también anunció un crecimiento para América Latina y Caribe en 2020 algo inferior, el 1,6%, pero ya para 2021, la estimación se incrementó hasta un 2,3%.

En todo caso, estas previsiones por parte de organismos especializados vienen a confirmar que la economía de la región mejora progresivamente, pero Cuba no. La economía de la isla se encuentra inmersa en una situación de estancamiento, en la que se combinan pesimismo, falta de expectativas y sobre todo, ausencia de una política económica adecuada para afrontar la situación. Como consecuencia de ello, mientras que el crecimiento económico se acelera en los países de América Latina y Caribe en el horizonte de 2020 y 2021, la ansiada recuperación de la economía cubana se hace esperar, o dicho en otro modo, ni está ni se la espera. Todavía es pronto para valorar la coyuntura reciente de la economía, pero si se combinan las informaciones dispersas procedentes de diversos indicadores publicados por la estadística oficial del régimen (turismo, remesas, comercio exterior, venta de alimentos, empleo) la imagen que ofrece la economía cubana dista mucho de ser favorable.

La cuestión que nos importa en este post es que mientras que la economía de América Latina y el Caribe se acelera, el estancamiento económico continúa en Cuba. De hecho, la rebaja en la estimación de crecimiento de CEPAL para Cuba para 2020 la sitúa entre los países de menor crecimiento de la región, similar al de Ecuador o Haití, y sin embargo, muy lejano de las previsiones de República Dominicana, con un 4,7% de crecimiento en la zona del Caribe. Con las estimaciones ofrecidas por CEPAL, que hasta la fecha las autoridades comunistas no se han lanzado a cuestionar, la economía cubana crecerá solo un 0,5% tanto este año como el próximo. Con ello, Cuba deja que crecer por encima de la media de las economías de América Latina y el Caribe, y se retarda en sus posibilidades de desarrollo y prosperidad.

La buena noticia es que Cuba seguirá creciendo, de cumplirse las previsiones de la CEPAL. Crecer un 0,5% es hacerlo por delante de Venezuela (que vuelve de nuevo a hundirse de forma estrepitosa), Nicaragua, Argentina, Bahamas, Ecuador o Haití, ya citados. Países que se encuentran inmersos en situaciones críticas, precisamente por la deficiente política económica que siguen en cada uno de ellos, por otra parte, de diseño muy similar a la que se practica en Cuba desde 1959,

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Hay que dar más apoyo al trabajo por cuenta propia en la economía cubana

Ahora que el régimen castrista ha puesto coto a la actividad de las mal llamadas “mulas” en Cuba, que son trabajadores independientes dedicados a la compra de todo tipo de artículos inexistentes en las tiendas cubanas para su venta a clientes previos, y con ello obtener unos ingresos que cubran el coste del viaje y un beneficio por la dedicación, convendría que el régimen detuviera su acción contra las distintas opciones de libertad económica que existen en la isla y que escuche lo que dicen los organismos internacionales.

Precisamente, la OIT, Organización Internacional del Trabajo de Naciones Unidas, afirma que los trabajadores independientes y las microempresas, así como las pequeñas y medianas empresas, tienen un papel muy importante como proveedores de trabajo, mucho más de lo que se pensaba, y por ello merecen la máxima atención por parte de los gobiernos. Estas unidades económicas son fuentes principales de creación de empleo para todo tipo de trabajadores, como se indica en el estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) titulado “Lo pequeño importa. Datos mundiales sobre las contribuciones al empleo de los trabajadores independientes, las microempresas y las pymes”.

El estudio señala que estas "pequeñas unidades económicas" representan el 70% del empleo total a nivel mundial, es decir, que generan más empleo que las empresas grandes en todos los países analizados, que han sido un total de 99, entre ellos España. No deja de ser curioso que en Cuba los trabajadores por cuenta propia apenas alcancen un 13% del empleo total, si bien es cierto que han aumentado las cifras en los últimos años, pero situándose lejos de los resultados de otros países. El régimen castrista mantiene una apuesta absoluta por el sector presupuestado y niega a los cubanos el derecho a la libre empresa.

Además, otro aspecto importante es que la OIT destaca que la contribución al empleo de las conocidas como pequeñas unidades económicas es mayor en los países de nivel de renta bajo y medio, comparado con los países más avanzados, convirtiéndose en una estrategia muy adecuada para generar empleo en países como Cuba, que forma parte de ese colectivo de países de bajos ingresos, y que podría ver muy reforzada su estructura económica y empresarial si siguiera estas recomendaciones de Naciones Unidas.

A diferencia de lo que ocurre en otros países, la persecución y represión que desata continuamente el régimen comunista cubano contra las pequeñas empresas y trabajadores por cuenta propia lastra sus opciones de crecimiento. No existen previsiones sobre la capacidad de creación de empleo de estas empresas en el futuro, y por ello muchos cubanos desconfían de sus oportunidades. Detrás de ello, la opción ideológica del régimen impide aprovechar esas ventajas.

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El comienzo del curso escolar en Cuba: demagogia del régimen

El régimen comunista cubano ha desplegado, como viene siendo habitual, un gran alarde de propaganda y demagogia con un acontecimiento sencillo y normal como es el comienzo de las clases escolares, después del largo verano de vacaciones.

Da la impresión, por la nota publicada en Granma sobre este tema, titulada “Protagonistas de la felicidad”, que en Cuba, el primer día de clases de cada curso escolar, se convierte en un hito histórico, en el que cabe hasta el ataque furibundo a Estados Unidos, y cito textualmente, “bajo las condiciones de asedio económico que vive el país, y en medio del recrudecimiento de la hostil política del Gobierno estadounidense hacia la Isla, las vivencias de este 2 de septiembre hablarán por sí solas de los esfuerzos que se realizan para el acceso de cubanas, y cubanos a este derecho conquistado soberanamente”.

Bien está lo que bien acaba. El acceso de los niños y jóvenes a la educación es uno de los derechos humanos más importantes, por cuanto la adquisición de conocimientos y de competencias para el desarrollo de la vida profesional es una de las actividades que los seres humanos no deben excluir de su vida.

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La desigualdad de renta en los países avanzados, una amenaza

Una de las características del entorno de la cuarta revolución industrial es el empobrecimiento de las clases medias de los países más avanzados del mundo. Esa debilidad, tal y como ha sido expuesta recientemente en un informe de la OCDE, tiene mucho que ver con los cambios que se están produciendo como consecuencia del ritmo de avance de las nuevas tecnologías disruptivas. Pero lo peor aún está por llegar. Sin necesidad de crear alarma, es evidente que algo se tiene que hacer.

La OCDE sostiene que la clase media está menguando como consecuencia del estancamiento o declive de su nivel de vida. Al mismo tiempo, las rentas más altas prosiguen su marcha ascendente y se amplifican las desigualdades dentro de los países. Es decir, mientras que a nivel mundial se reducen las distancias entre los países más avanzados y los emergentes o en vías de desarrollo, las diferencias en términos de renta dentro de los primeros tienden a crecer.

A la hora de señalar culpables, la OCDE se refiere tanto a los coyunturales específicos de cada momento del tiempo, así como los estructurales dotados de una mayor permanencia y que acompañarán a los países durante décadas. Entre los primeros, se cita por ejemplo, el aumento del coste de la vida, superior al que experimentan los ingresos, lo que supone un empobrecimiento del poder adquisitivo, que afecta otros gastos necesarios, como la inversión en vivienda. Entre los segundos, el avance de la robotización y la inteligencia artificial hacen que, muchos trabajadores, sobre todo los menos cualificados, sientan especial preocupación por la pérdida de sus empleos. Y este proceso no ha hecho más que empezar.

Durante décadas, los gobiernos diseñaban sus políticas económicas para hacer crecer y consolidar sus clases medias. Detrás estaba la tesis de que un país es más próspero en la medida que cuente con una clase media más amplia y estable. Formar parte de la clase media también ha cambiado con el paso del tiempo, y así para varias generaciones pertenecen a la clase media significaba vivir en una vivienda cómoda con un estilo de vida agradable y un trabajo estable con posibilidades de desarrollo profesional.

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Perspectivas de la inversión extranjera en Cuba tras la Ley LIBERTAD

Por supuesto que es posible invertir en Cuba. Nadie dice lo contrario.

Sin embargo, durante más de 40 años no fue posible por mandato imperativo del régimen comunista. Pero como consecuencia del derrumbe del muro de Berlín y la pérdida de los subsidios soviéticos, a Fidel Castro no le quedó más remedio, en contra de sus deseos y preferencias, que abrir la economía cubana al capital extranjero.

Todavía se recuerda aquella rueda de prensa en La Habana, con motivo de la inauguración de uno de los primeros hoteles, en la que Fidel Castro justificó ante una periodista argentina, por qué a los cubanos no les autorizaba a entrar a los hoteles. Aquella triste etapa de las “jineteras”, la desesperación y el sálvese quién pueda quedó atrás gracias al petróleo de Venezuela, pero todavía andan por la isla circulando dos monedas, y ese es uno de los efectos más negativos de aquel período especial de triste recuerdo.

La historia de la política de atracción de la inversión extranjera en Cuba ha desembocado en una regulación reciente, la denominada Ley 118, que intenta dotar al sistema económico de la isla, que permanece estable en su definición de socialista, prohíbe el ejercicio de los derechos de propiedad y la libre empresa privada a los cubanos, de una serie garantías y facilidades para atraer al capital extranjero. Una mezcla explosiva que algunos han denominado capitalismo comunista.

No conviene olvidar que Cuba se encuentra en una zona, el Caribe, que es foco de atracción de grandes volúmenes de inversión extranjera, y que en el entorno de la globalización y la cuarta revolución industrial, adquiere numerosos atractivos para que el capital extranjero fluya de forma masiva hacia la zona. Participar en esos flujos crecientes de capital exige tomar una serie de decisiones para atraer los inversores de forma competitiva. Por desgracia, Cuba llega tarde, pero es que además, lo hace mal.

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